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¿En qué consiste tu trabajo?

Durante los últimos meses, la pregunta que da título a este texto ha sido la tónica habitual entre mis círculos más cercanos.

En mi todavía corta carrera profesional he escrito sobre política municipal en Albacete, he cubierto festivales de música, narrado partidos de fútbol o dirigido un programa en una radio comunitaria. He sido el responsable web de un periódico, me especialicé en información internacional y países del sur y volví a ejercer de redactor todoterreno en Local en un periódico que también cerró. Volé a Costa Rica donde cubrí, desde allí, el 15-M, información internacional y sucesos. Puse en marcha un proyecto digital de información internacional mientras a la vez dinamizaba una radio comunitaria e impartía talleres de formación. Aparte he participado en varios informes sobre la situación del Periodismo y finalmente he escrito casi 3 años sobre política y movimientos sociales en un periódico digital.

Pues bien, salvo mis breves funciones en el departamento de comunicación de FiSahara y Festiclown, todo lo anterior nada tiene que ver con mi trabajo actual. Antes era fácil de explicar que eras periodista, sobre lo que escribías y dónde. Pero las funciones internas de prensa en un partido político son menos conocidas. Creo que es un pensamiento compartido por todas las compañeras, como bien reflejó Laura Casielles hace un tiempo en su espléndido blog. Ella desgranó a la perfección en esa entrada no sólo las labores principales de una responsable de prensa sino también las sentimentales. Por ello recomiendo leerlo.

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La política del miedo

El miedo. Infundir miedo, temor, incluso pánico a un cambio. No os salgáis del camino, si eso un poco, pero no mucho. Todos ordenados y en fila. Las reglas del juego no se tocan. Pervertirán nuestra democracia. Ciudadanos, pensadlo bien, estáis en peligro.

Todas estas ideas son parte de un mismo concepto: democracia sí, pero la que nosotros queremos. Ese nosotros se refiere a aquellos poderes fácticos que dominan las estructuras políticas, económicas y sociales en este mundo eminentemente capitalista y liberal. Esos poderes conformados por grandes empresarios, bancos, políticos de alto nivel y cristalizados en una serie de medios de comunicación afines por uno y otro lado a las reglas establecidas. Cuando la ciudadanía toma la iniciativa para dejarse ver, protestando, o saliendo a la calle, esos poderes hablan: son cosas de los violentos (violentos itinerantes, nuevo término estúpido acuñado por el Ministerio del Interior), la extrema izquierda está agitando las calles o el ya famoso “las urnas mandan”, al que añado yo el recurrido “si no te gusta, véte a Cuba,”, uno de los argumentos estrella de la derecha de este país.

Estos poderes sienten verdadero miedo cuando le ven las orejas al lobo y existen posibilidades reales de darle un vuelco político y económico a la situación. Cuando se crean alternativas que al menos proponen cambios de raíz en aspectos económicos (nacionalizaciones de sectores estratégicos o rechazo a planes de austeridad, por ejemplo), el miedo se huele. Y ese miedo lo lanzan como bombas pestilentes caiga quien caiga. No les importa mentir, manipular o simplificar al “adversario” hasta hacer creer que lo ellos dicen es lo que va a suceder.

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